Perfil del escritor Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, el creador del mítico Macondo de Cien años de soledad, se ha convertido, a sus 84 años, en el padre del realismo mágico, dotado de las mejores materias primas para mezclar lo irreal o extraño con lo cotidiano y común.
Gabo, como lo llaman cariñosamente los colombianos, nació en Aracataca, Colombia, el 6 de marzo de 1927 y creció al cuidado de sus abuelos maternos hasta los nueve años, alimentándose de las historias fantásticas que le contaba su abuela.
Aunque comenzó a estudiar derecho, las lecturas de Kafka y su Metamorfosis y los poemas de Pablo Neruda y Rubén Darío le marcaron de tal modo que abandonó la carrera para sumergirse en la escritura y el periodismo, dando sus primeros pasos en los diarios El Universal de Cartagena, El Heraldo de Colombia en Barranquilla y El Espectador de Bogotá. Fue en este último periódico donde publicó, en abril de 1955, Relato de un naúfrago que estuvo diez días a la deriva, por el que se dio a conocer en el universo de las letras.
Creador de palabras, inventor de realidades, ha llevado al lector de la mano por paisajes templados, mostrándole el misterio de lo desconocido, la pasión de unos labios, el dolor de la soledad, la pesadez de los años… para luego devolverle la ingenuidad y la calma de ser un niño que escucha un cuento tumbado en la cama.
Entre sus obras más destacadas brillan por sí solas La Hojarasca, El Coronel no tiene quien le escriba, La Mala Hora, El Otoño del Patriarca y Crónica de una Muerte Anunciada, pero, sin duda, alcanzó el clímax de su actividad literaria con Cien años de soledad, novela con la que logró el Premio Nobel en 1982.
Cien años de soledad es el libro de la mesita de noche, la mejor medicina para evadirse y posarse sobre ese realismo mágico característico del autor. A través de las visicitudes de la familia Buendía, que acontecen en el pueblo de Macondo, el Gabo hace un recorrido por los pueblos iberoamericanos, dejándose embriagar por historias sobrenaturales: “Cien años de soledad no es más que una constancia poética de mi infancia”, explica el escritor.
Su amor por la escritura se trasladó también al cine. Ya en su etapa juvenil, en Barranquilla, participó de la realización del cortometraje surrealista La langosta azul, para luego, en la década de los 50, estudiar la carrera de cine en el Centro Sperimentale Di Cinematografia di Roma (Cineccità). Y, como era de esperar, el cine le correspondió su amor, llevando a la gran pantalla algunas de sus memorables obras.
Entre los logros de este polifacético autor, que parece haber tenido el pelo cano desde siempre (por la experiencia que eso le concierne), es demostrar que el periodismo puede ser un género literario si se trata con rigor.
Y una actitud, una actitud frente a la realidad, quizá la esencia de ese frasco que García Márquez destapa para entregarse a escribir: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

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